viernes, 16 de noviembre de 2007

¿Dónde se pierden las miradas?

Camino al colegio la recordé esta mañana. Hace mucho que no la veo. ¿Se habrá perdido del todo, al igual que su mirada?.
Me pregunto si estará en Putaendo -fuera de todo chiste- ¿ habrá sido acogida por ese sanatorio de murallas amarrillo grisáceas, de aspecto tenebroso, que esconde tanta miseria humana?.
La primera vez que la vi fue una mañana a la vuelta de casa. Estaba sentada en la vereda, abrazando sus piernas, con su cabellera larga y clara. Su cuerpo estilizado y su hermosa cara estaban acompañados de su extraña mirada. Una mirada perdida en algún recóndito lugar, tal vez en el “limbo”, como diría mi madre.
No pude evitar el voltearme a verla, sus delicadas facciones y su aire de “niña bien”, no me cuadraban con su ropa sucia y descuidada.
La seguí viendo un par de veces, siempre camino al colegio, siempre tan extraviada y yo sin poder ignorarla.
Me recordé así, exactamente como ella. Me reconocí en su mirada, ese no saber dónde estaba, ese sentirme abandonada. El misterio sigue siendo una constante.
Una mañana no pude evitar acercarme. Lo hice con temor – no quería asustarla- le hablé, me contestó.
Me contó que fue una niña abandonada, pero encontró buena familia, por la cual fue criada. Y así creció, querida y mimada, hasta que descubrió el amor.
Amor de un hombre. Hombre que la llenó de desdichas y maltratos.
Me contó que los padres que tuvo ya eran muy ancianos, que ya hace años se habían marchado.
Me contó también que él - ese amor ingrato- aún la buscaba, pero que ella prefería la calle antes que volver a su lado.
Recuerdo que me acerqué mucho a ella, como tratando de encontrar indicios de alcohol en sus bocanadas - como somos de prejuiciosos los humanos- sólo descubrí en sus manos una cajita de leche chocolatada y no una causa que yo creyera justificada.
Traté de que nuestras miradas se cruzaran, pero nada. Su mirada estaba tan perdida, como para pensar que no era ella quien me hablaba.
Victoria -recuerdo- me dijo se llamaba.

3 comentarios:

Xideral dijo...

PUlentisimo..

4 mandarinas para ti

:)

L Mery dijo...

Camino al colegio no me pasaban muchas cosas, es que me quedaba a dos cuadras... Pero desde hace un poquito más de un año, al salir de la pega a la hora de almuerzo me encuentro con un señor, de unos 60, mendigo de esos sin vuelta. Al principio sólo nos mirabamos, después de unos meses nos decíamos hola, después él agarró papa y me decía hola reina, ahora ya me dice hola mi amor. Mi amiga de la of. goza y se mata de la risa con este "amigo". Al principio me daba susto, porque me esperaba para poder encontrarse conmigo, pero luego me acostumbré. Ahora, los días que no viene, hasta me preocupo pensando qué le pasó. Pero hasta ahí nomás llego, no me atrevo ni a preguntarle cómo se llama.
Buena tu historia. Gracias por tu visita y tus palabras en mi blog. Un saludo grande, L.

Pancho dijo...

ASÍ ES LA VIDA AMIGA



BUEN BLOG