
Sería una compra rápida, como tantas otras, pero casi al llegar al supermercado algo la detuvo. Una luz. Una luz tenue y roja que nunca antes había visto.
La curiosidad pudo más, echó marcha atrás su auto y se estacionó frente al umbral de donde provenía esa luz rojo carmín, tan insinuante. Al parecer, el ocaso llegaba con un olor distinto a sus tardes de pueblo.
Miró al interior y observó como colgaban prendas de segunda en una forma atrayente y decorativa.
-Genial- pensó.
Encontrar una tienda con ropa de segunda resultaba tremendamente atractivo para ella.
Karla solía disfrutar hurgando en bazares atestados con este tipo de prendas. Podía encontrar ropa distinta y con “historia” –como decía ella- algo que le gustaba en demasía.
Le bastó cruzar el dintel de la puerta para sentirse completamente atrapada, cautivada por ese lugar.
Flotaba incienso en cada rincón de la habitación y de sus muros colgaban grandes láminas con dibujos de mujeres voluptuosas haciendo gala de sus excesos, con tal descaro, con tanta despreocupación, que cada centímetro de más en ellas resultaba atractivo.
Una luz proveniente de un indeterminado lugar daba una iluminación surrealista al ambiente.
Algo pasó en aquel lugar, de pronto se sintió transportada en el tiempo y el espacio. Sintió no estar donde estaba.
¿Qué recuerdos y sensaciones evocaba en ella ese mágico lugar? – pensó- sus andanzas capitalinas, se respondió al instante. Eso era.
La curiosidad pudo más, echó marcha atrás su auto y se estacionó frente al umbral de donde provenía esa luz rojo carmín, tan insinuante. Al parecer, el ocaso llegaba con un olor distinto a sus tardes de pueblo.
Miró al interior y observó como colgaban prendas de segunda en una forma atrayente y decorativa.
-Genial- pensó.
Encontrar una tienda con ropa de segunda resultaba tremendamente atractivo para ella.
Karla solía disfrutar hurgando en bazares atestados con este tipo de prendas. Podía encontrar ropa distinta y con “historia” –como decía ella- algo que le gustaba en demasía.
Le bastó cruzar el dintel de la puerta para sentirse completamente atrapada, cautivada por ese lugar.
Flotaba incienso en cada rincón de la habitación y de sus muros colgaban grandes láminas con dibujos de mujeres voluptuosas haciendo gala de sus excesos, con tal descaro, con tanta despreocupación, que cada centímetro de más en ellas resultaba atractivo.
Una luz proveniente de un indeterminado lugar daba una iluminación surrealista al ambiente.
Algo pasó en aquel lugar, de pronto se sintió transportada en el tiempo y el espacio. Sintió no estar donde estaba.
¿Qué recuerdos y sensaciones evocaba en ella ese mágico lugar? – pensó- sus andanzas capitalinas, se respondió al instante. Eso era.
1 comentario:
Linda....
me gusto tu cuento, pero mas que gusta verte escribir...
como te decia, "echar a fuera" es una sana forma de "Limpiar"...
te quiero mucho, y te seguire la pista de letras que vas dejando..
:)
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